Vida y Obra de Johann Georg Ritter von Zimmermann

La p√©rdida de su esposa fue tan dolorosa que Z., adem√°s de sus brillantes relaciones con el mundo exterior, ahora se abandon√≥ a una soledad autoimpuesta en su casa. Retir√≥ a su hijo en Hannover y luego a G√∂ttingen para ir a la universidad, su hija a Hamburgo y luego a Suiza. Al reelaborar el libro ¬ęVon der Einsamkeit¬Ľ, que fue objeto de ataques por parte del extra√Īo Obereit, por peque√Īos art√≠culos en diversas revistas y especialmente por la apasionada respuesta a Physiognomik de Lavater, Z. se asegur√≥ de que ni siquiera su nombre literario fuera olvidado.

Su viaje a Suiza en 1775 fue como una procesión triunfal a través de su país de origen. En el viaje de regreso se quedó con su hija en la casa de Goethe en Frankfurt, donde ocurrió el incidente, algo poéticamente embellecido por Goethe. En 1777 fue golpeado duramente por el estallido de la locura de su hijo, una desgracia que lo llenó de un dolor tan violento como relativamente rápido y temporal.

Una nueva biografía de Haller

Por otro lado, la muerte de Haller no le caus√≥ la impresi√≥n que uno podr√≠a haber esperado. Su amor por el hombre al que tanto le deb√≠a se hab√≠a desvanecido, y no se le puede absolver de ingratitud cuando se lee la fr√≠a necrolog√≠a en el ¬ęDeutsches Museum¬Ľ y especialmente los trabajos preparatorios para una nueva biograf√≠a de Haller, que afortunadamente no lleg√≥ a realizarse. De lo que acus√≥ a Haller y dio como raz√≥n de su cambio de actitud, ambici√≥n y gloria, eso fue s√≥lo su propia culpa principal.

Las nuevas relaciones con Goethe, Boie, Sturz y Hölty ampliaron el círculo literario de conocidos de Zimmermann, pero ya ahora mostraba una irritabilidad hacia los demás, una tendencia a la disputa, que en gran medida surgía de la propia importancia. Debido al científico natural De Luc Z. se enemistó con Kästner, debido a Lavater con Lichtenberg.

El conocimiento del Príncipe Orlow

El resultado fueron desagradables disputas literarias. Su cordial amistad con J. G. Sulzer fue disuelta por su muerte en 1779. Z. perdi√≥ a otros amigos por su brusca e imprudente aparici√≥n en sus escritos, especialmente a trav√©s de las an√©cdotas de la ¬ęRevista Hannoversche¬Ľ, como Herder, Goethe y Wieland, a las que hizo da√Īo con comentarios inapropiados. El conocimiento del Pr√≠ncipe Orlow y del Pr√≠ncipe de Hesse-Kassel dio nuevo alimento a su orgullo.

En septiembre de 1781 perdi√≥ a su hija, a la que llor√≥ profundamente, y por la partida de su mejor amigo, Hofr√§thin v. Doering. Totalmente aislado, ahora comenz√≥ a trabajar en su gran obra ¬ęSobre la soledad¬Ľ. A mediados de 1782 Z. concluy√≥ un segundo matrimonio con una tal Fr√§ulein v. Doering. Berger, que fue un consuelo y apoyo para su retiro.La obra en cuatro vol√ļmenes ¬ęUeber die Einsamkeit¬Ľ fue publicada en 1784 y 1785.

La obra principal de Zimmermann

No sólo está en volumen después de la obra principal de Zimmermann, sino también porque todo su ser, sus méritos así como sus defectos se expresan más claramente en ella; llena de las más profundas y bellas consideraciones traiciona claramente, como en sus polémicas y también en el elogio de la naturaleza, la influencia de Rousseau, con quien Z. tenía un gran parentesco interior, sin que se permita llamarlo imitador de Rousseau.

En definitiva, es un libro que a√ļn hoy podr√≠a reclamar con raz√≥n buena parte del aplauso que se le dio de forma casi exuberante. Pero la pol√©mica son las manchas que distorsionan el hermoso cuadro general. Est√° la devastadora lucha contra la media narraci√≥n Obereit; tambi√©n est√° la cr√≠tica a la vida mon√°stica, a los anacoretas y a los ¬ęescritos sagrados¬Ľ, que a menudo sobrepasa toda medida.

Toda la amargura de su hipocondr√≠a estalla en estas partes, que ya fueron reprendidas por unos pocos en ese momento y m√°s tarde omitidas con raz√≥n por el traductor ingl√©s. En el campo de la Ilustraci√≥n de Berl√≠n, en Nicolai, donde Z. ya hab√≠a contribuido anteriormente a la ¬ęAllg. deutsche Bibliothek¬Ľ, en Gedike y Biester, fueron precisamente estos pasajes los que despertaron el mayor j√ļbilo.

La Emperatriz Katharina II

Pero nada era m√°s dulce para √©l que los aplausos de la Emperatriz Katharina II, que lo colmaba de premios y regalos y trataba una y otra vez de atraerlo a su corte.¬† Pero cuando el a√Īo 1786 le trajo, adem√°s de su amistad con la Emperatriz, el nombramiento al enfermo Rey Friedrich II. de Prusia, su felicidad y orgullo alcanzaron su punto m√°ximo. Aunque no pod√≠a ayudar al rey, el hecho era que el monarca m√°s importante de Europa le hab√≠a pedido consejo y ayuda en su √ļltima enfermedad.

El Caballero de Carpintero – en el que se hab√≠a convertido mientras tanto por la gracia de Katharina’s – tuvo que compartir su suerte con el mundo. As√≠ que escribi√≥ el libro ¬ęUeber Friedrich den Gro√üen und meine Unterredungen mit Ihm¬Ľ (1788), en el que por cierto actu√≥ con la misma vehemencia contra la Ilustraci√≥n que contra los cat√≥licos hace poco tiempo.

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