Biografia de Wilhelm Peltzer

La vida

Peltzer, alcalde de Osnabr√ľck, proven√≠a de una respetada y antigua familia patricia de Osnabr√ľck. No se conoce su a√Īo de nacimiento; a diferencia de sus antiguos or√≠genes familiares, prefiri√≥ la ocupaci√≥n de estudios acad√©micos a la de comerciante y se dedic√≥ a la jurisprudencia. En√©rgico y talentoso, y al mismo tiempo un oponente irreconciliable del catolicismo, tuvo que dejar la ciudad en 1628 cuando el obispo Franz Wilhelm v. Wartenberg tom√≥ posesi√≥n del monasterio y de la ciudad de Osnabr√ľck, como muchos otros tuvieron que dejar la ciudad por su fe.

Regres√≥ en 1633 cuando Osnabr√ľck cay√≥ en manos suecas. Ya al a√Īo siguiente se convirti√≥ en el sindicato de la ciudad y en 1636 ocup√≥ el cargo de alcalde en lugar de su patr√≥n Modemann. Aunque s√≥lo sirvi√≥ como tal durante unos pocos a√Īos, su relativamente corto per√≠odo de mandato fue suficiente para sumir a su ciudad natal en graves disturbios y profundos desacuerdos, que finalmente s√≥lo le trajeron miseria f√≠sica y mental en la tarde de su vida.

La ceguera fan√°tica de varios ciudadanos

La causa de todo este infortunio fue su actitud indulgente y d√©bil ante la ceguera fan√°tica de varios ciudadanos, que le oblig√≥ a la peligrosa aberraci√≥n de los juicios de brujas y le caus√≥ la m√°s amarga enemistad de las familias privadas de sus esposas y madres. Porque entre los acusados de brujer√≠a hab√≠a tambi√©n mujeres de familias antiguas muy estimadas que no pod√≠an perdonar al alcalde P. la verg√ľenza de haber perseguido a parientes de sangre y parientes de su clase como brujos hasta el final de su vida.

Especialmente el hombre que había allanado el camino para P. al más alto cargo municipal, el ex alcalde Modemann, se convirtió en su más acérrimo enemigo y en el motor de todas las adversidades posteriores de Peltzer, ya que la madre de Modemann había tenido que sufrir como una de las primeras víctimas de la locura de las brujas.

El conde Gustav Gustavson

La reanudaci√≥n de los juicios a las brujas y el consiguiente alboroto de las clases medias provoc√≥ la ca√≠da de Peltzer a finales de 1639. A instigaci√≥n de sus oponentes, el conde Gustav Gustavson, residente en Suecia, estaba decidido a prohibir estrictamente la reelecci√≥n de Peltzer para el a√Īo siguiente. Todos los argumentos en contra no ayudaron, m√°s bien P. y su compa√Īero de fatigas Vo√ü tuvieron que huir de Osnabr√ľck.

La intención de Peltzer de buscar personalmente su justicia en Estocolmo no se cumplió gracias a la intervención del enviado sueco Salvius en Hamburgo. Para evitar más incidentes embarazosos para el gobierno sueco, Salvius logró colocar a P. como consejero sueco en la cancillería sueca en Halberstadt. P. aceptó esta oferta y se trasladó a su nuevo lugar de trabajo en 1641. Pero aquí estuvo activo sólo unos meses, porque los suecos tuvieron que dejar Halberstadt apresuradamente ante las tropas imperiales que se acercaban.

Una reconciliación con la ciudad

La oportunidad de regresar a Osnabr√ľck no surgi√≥ para P. hasta 1644, cuando Gustav Gustavson hab√≠a trasladado permanentemente su residencia de all√≠ a V√∂rden. Como entretanto se hab√≠a producido una reconciliaci√≥n con la ciudad, todas las dudas contra un regreso parec√≠an haberse disipado y parec√≠a posible una repetida transferencia del sindicato, que le hab√≠a sido prometida anteriormente.

Las puertas de sus antiguos amigos estaban cerradas para él, los enemigos estaban más fuertes que nunca contra él, y no se ahorraba ni siquiera los insultos físicos y verbales, ni en la calle ni en su propia casa. El 24 de noviembre de 1646, fue acusado de tiranía y asesinato y exigió ser castigado de por vida.

Mediante toda clase de trucos y evasivas turbias, Padre logr√≥ retrasar la respuesta a la acusaci√≥n durante varios a√Īos; pero cuando en 1650 su antiguo oponente, el obispo Franz Wilhelm, que ve√≠a y odiaba a Padre como el destructor de sus esfuerzos contrarreformistas, se hizo cargo nuevamente de los asuntos del obispado, se produjo el fat√≠dico giro de su vida.

La corte fortificada de F√ľrstenau

El obispo hizo que sus captores lo agarraran en el camino abierto y lo llevaran al castillo de Iburgo y m√°s tarde a la corte fortificada de F√ľrstenau, donde vivi√≥ sus d√≠as solo, rechaz√≥ tercamente la responsabilidad legal en su propio detrimento y finalmente cay√≥ en un desvar√≠o espiritual. En vano, los hijos, que hab√≠an estudiado la ley s√≥lo por el bien de su padre, trataron de aliviar su suerte.

En 1658 obtuvieron la decisión del Tribunal de la Cámara del Reich de que el acusado debía ser entregado ad custodiam a la ciudad y que debía formarse un nuevo tribunal de comisión imparcial para conocer del caso, pero debido a la terquedad de Peltzer contra todos los intentos de mediación, no se pudo lograr nada más.

El final del juicio

Despu√©s de casi diez a√Īos de confinamiento solitario, el desafortunado hombre muri√≥ en marzo de 1669; sin un c√©ntimo, la ciudad tuvo que pagar su comida y bebida y finalmente tambi√©n su entierro a expensas del p√ļblico durante los √ļltimos a√Īos de su vida. Ni √©l ni el obispo Franz Wilhelm (‚Ć 1661) experimentaron el final del juicio.

La decisi√≥n original de la Facultad de Derecho de Helmstedt en 1666 de que tambi√©n se invitara a la ciudad de Osnabr√ľck a participar en el juicio se mantuvo – el juicio no lleg√≥ a nada, sin que √©l, que comenz√≥ hace media vida, superara los primeros preparativos. P. muri√≥ como una v√≠ctima de su tiempo. Se vio envuelto en las supersticiones de sus contempor√°neos, y su posici√≥n como gobernante de las autoridades y la judicatura fue a su ruina.

Las desafortunadas mujeres

No fue el odio y la sed de sangre lo que le convirtió en juez de las desafortunadas mujeres, sino sólo su sentido del deber, que le guió en todos sus demás actos oficiales, tanto como asesor jurídico de la caballería como jefe de la ciudad durante las más graves tribulaciones de la guerra. El desafortunado hombre no puede ser acusado de actuar contra su mejor juicio o contra sus convicciones.

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